Escrito de hace 2 años...se pasa rápido el tiempo... Y eso que entonces todavía no había pandemia...
Mujer, 34 años.
Desde hace unos años me surge la duda, esa que toda mujer que ronda mi edad se plantea, sobre ser o no ser madre. Una parte de mí envidia enormemente a quienes tienen una respuesta clara a esa pregunta. Quizá una de las más trascendentes de la vida. Hijos sí, o hijos no.
Es una decisión que no tiene vuelta atrás, tanto si los tienes como si no. Y quizá por ello me cuesta tanto tener una respuesta clara a la pregunta.
Yo, indecisa por naturaleza, no sé hasta qué punto la duda es mía, o es inducida por la cantidad de veces que escuchas que se te va a pasar el arroz, que si no te decides ahora luego te vas a arrepentir...etc. etc.
Lo cierto es que nunca me he llevado muy bien con los niños. No me sale jugar con ellos de forma natural. Me relaciono torpemente y a veces les trato como si fueran mayores. Me cuesta pillarles la medida y siempre les intento enseñar algo y supongo que ellos no siempre tienen ganas de aprender... Imagino que tiene que ver con mi infancia...yo siempre me relacionaba más fácilmente con adultos que con los niños de mi edad. Quizá nunca supe ser niña...o incluso desde la infancia hay unos corsés sociales en los que yo no encajaba.
Desde que tengo sobrinas he mejorado bastante. Y disfruto mucho con ellas. Aunque también me agoto. Me sorprende su capacidad de aprendizaje, su imaginación y su compleja personalidad tan marcada con menos de tres años...son increíbles. Pero ver a mis hermanas con sus hijas, me hace tener todavía más miedo a la maternidad. Quizá sea cierto, quizá se me ha pasado ya el arroz. No biológico, pero sí mental y quizá físico. Ser madre me parece una de las tareas más difíciles que existen. De las que más desgasta, física y mentalmente.
Hagas lo que hagas te vas a equivocar. ¿Cómo alguien como yo, que no he superado muchas de mis inseguridades, voy a ser capaz de transmitirles seguridad a mis futuros hij@s? Y no sólo eso. Yo quiero y admiro a mis padres. Me parecen unas personas muy inteligentes, sensibles, cabales, idealistas... Sin embargo, siento que se equivocaron en muchas cosas. ¿Cómo yo, que no soy para nada mejor que mis padres, voy a ser capaz de hacerlo mejor que ellos?
No sé, siento que en cuanto me lo planteo mucho, la respuesta ante tener o no hijos es NO. Y no sólo por mis miedos personales. ¿Cómo yo, licenciada con dos másteres y no sé cuántos cursos, que trabaja, sin embargo, de auxiliar administrativo, voy a ser capaz de mantener a mis hijos? Esa duda sobrevuela la cabeza de muchas personas de mi edad y más jóvenes. Hay quien vence el miedo y se lanza, pero yo...no lo tengo claro. No quiero traer una persona al mundo para que tenga que vivir en la precariedad.
Más allá de eso, mi pareja tiene claro que no quiere hijos. ¿Hasta dónde llega mi deseo de ser madre? ¿Pesa más como para dejar una relación en la que me siento relativamente feliz? En este momento la respuesta es NO. Pero no puedo evitar pensar en que quizá más adelante me arrepienta. Los hijos son también un motivo para luchar, para salir adelante. Cuando ya no te quedan fuerzas, hay cosas que no harías por ti, pero sí por ellos.
A mi edad, empiezo a ser consciente de que no voy a llevar esa vida viajera y aventurera con la que soñé. Al final llevas una vida estándar, con un trabajo que te da de comer, pero no te apasiona; en tu misma ciudad natal, que te encanta, pero no te estimula; y con una apacible tranquilidad que deja reflejos puntuales de felicidad en la gama de grises de la rutina.
Y si llevo una vida estándar y empiezo a asumir que no voy a ser la viajera, hippie aventurera que fantaseaba en mis años más jovenzanos...¿por qué no seguir con lo estándar y ser madre? ¿Hay quizá una aventura mayor que esa? Esa que te da sentimientos y emociones más fuertes que ningún viaje, amor o amistad. Esa que te obliga a madurar de repente y a cuestionarte continuamente. Esa con la que no paras de aprender, de ilusionarte y de frustrarte a partes iguales. Quizá SÍ, quiero ser madre.
Pero entonces escucho mis principios. Ese deseo, mi deseo de ser madre, es un deseo egoísta. Es por mí. Por mi crecimiento personal, por encontrar una razón para vivir, por vivir esa experiencia YO.
Porque la futura criatura no ha pedido venir a un mundo cada vez más inhumano, con menos certezas, más egoísta y materialista, en el que posiblemente viva en una precariedad aún mayor que la mía, con peligros en ciernes como guerras, escasez de recursos naturales, etc. etc. Pero precisamente por eso también pienso en la importancia de educar niños con ideas y principios más humanos, más solidarios, más responsables y más respetuosos con el medio ambiente y con sus congéneres. Quizá mis hijos pudieran contribuir a mejorar el mundo...
Demasiadas dudas. Y el reloj sigue corriendo...
Algunas personas me han animado a congelar óvulos, por lo que pueda pasar. Pero es una decisión que, esta sí tengo clara, no quiero tomar. Lo primero porque, viendo a mis hermanas, y diciendo esto desde el total respeto a quienes opinan diferente, no quiero traer un hijo al mundo yo sola. Me parece casi imposible sin alguien que me ayude, y no quiero comprometer a nadie que no sea su padre. Podría hacerlo con un o una canguro pero no tengo capacidad económica para mantener eso. También, me parece muy egoísta por mi parte privar a un niño de la figura paterna (o materna si fuera pareja homosexual). Privar a un niño de dos modelos distintos, de dos figuras en las que apoyarse y reflejarse y con influencia a partes iguales. Además, no quiero ser madre mayor...no me van a quedar fuerzas ni energías para bregar con un adolescente a los 60.
Así que la decisión es ahora. De aquí a uno o dos años como mucho. ¿Cómo tomar una decisión tan trascendente? Y si decides que sí y luego no puedes...He visto a muchas mujeres obsesionarse y sufrir muchísimo por no poder tener hijos. Me da miedo también entrar en ese bucle.
Al final evitas pensar en ello. Y el tiempo corre...
Y supongo que yo, no seré madre.
domingo, 10 de mayo de 2020
martes, 24 de noviembre de 2015
Gris
Exploto sin demostrarlo.
O simplemente sigo la inercia de una vida sin tiempo, en la que lo pierdo demasiado.
Ya no sueño. No tengo tiempo ni ganas de hacerlo.
Me conformo. Y creo que esa es la clave de la felicidad.
Pero también del estancamiento.
Creo que cada vez me importa menos todo.
Vivo por primera vez el presente, que es gris claro.
Monótono pero tranquilo. Con alguna sonrisa.
Podría seguir así y no me importaría demasiado.
Salvo por un golpe en lo que más quiero, una incertidumbre y un miedo que enfrentar,
más profundo que ninguno hasta ahora.
Así es como he aprendido a valorar mi gris vida: a base de golpes y comparaciones.
Podría ser peor. Por eso estoy agradecida e inmóvil.
La persona que más quiero en el mundo me tiene que encontrar fuerte y feliz.
Y es lo que intento.
Ser fuerte y feliz.
No concederme compasión sino aceptar lo que tengo y ser feliz con ello.
¿Es la salida? No lo sé. Ya no intento buscarla.
Sólo me quedo donde estoy saboreando un gris claro con pocos matices, pero con buen sabor.
Me pinto la sonrisa y destierro las añoranzas.
Leo lo que me venden las redes y los medios y evito las ganas de crear.
De conectar con mi yo profundo para no caer.
Para seguir estable, fuerte y feliz.
Aunque hoy haya sentido la necesidad de contarlo en mi laguna.
Para no contarlo a nadie. Y contarlo a todos.
Para explotar a mi manera.
Para volver a valorar mi gris felicidad.
sábado, 1 de agosto de 2015
Antolín
Te fuiste de repente y ya no sé dónde estás.
A veces me acuerdo de los miles de momentos compartidos
y otras sueño con que volverás.
No me creo que hayamos dejado de importarte de repente
y sin embargo, eso es lo único que parece.
Allá donde estés recuerda que te echo de menos.
Y que pueden más las ganas de compartir litro contigo
(como el ritual que describiste en aquel relato adolescente)
que de darte los cientos de collejas que te mereces.
Por dejarnos solos. Por dejarme sola.
Por privarme de tu apoyo, de tus consejos, de tu compañía...
De todas las divagaciones que sólo nosotros entendíamos.
De esa complicidad fraguada con años y neuronas, con conciertos y frikadas,
con amoríos y confusiones...
Ojalá seas feliz allí donde estés.
Pero creo que nadie puede ser feliz si para ello se arranca una parte de lo que fue.
De lo que es.
Puedes seguir autoengañándote,
pero algún día volverá tu esencia a recordarte lo fingido que es ese mundo de piruleta que te has construido y tragado hasta empalagarte.
Te pasará a ti y posiblemente a todos.
Búscame cuando llegue.
Te estaré esperando para darte una colleja y pasarte el litro.
A veces me acuerdo de los miles de momentos compartidos
y otras sueño con que volverás.
No me creo que hayamos dejado de importarte de repente
y sin embargo, eso es lo único que parece.
Allá donde estés recuerda que te echo de menos.
Y que pueden más las ganas de compartir litro contigo
(como el ritual que describiste en aquel relato adolescente)
que de darte los cientos de collejas que te mereces.
Por dejarnos solos. Por dejarme sola.
Por privarme de tu apoyo, de tus consejos, de tu compañía...
De todas las divagaciones que sólo nosotros entendíamos.
De esa complicidad fraguada con años y neuronas, con conciertos y frikadas,
con amoríos y confusiones...
Ojalá seas feliz allí donde estés.
Pero creo que nadie puede ser feliz si para ello se arranca una parte de lo que fue.
De lo que es.
Puedes seguir autoengañándote,
pero algún día volverá tu esencia a recordarte lo fingido que es ese mundo de piruleta que te has construido y tragado hasta empalagarte.
Te pasará a ti y posiblemente a todos.
Búscame cuando llegue.
Te estaré esperando para darte una colleja y pasarte el litro.
martes, 13 de enero de 2015
Vida oxidada
Y sentir cómo la vida se escapa.
Cómo corre y huye y la ves pasar.
Querer huir de una rutina que ahoga.
Y no saber cómo cambiar.
Algo hice mal.
Pero hoy ya me da igual.
Poco me importa nada, porque nada importa ya.
Y mientras las lágrimas discurren en silencio cada noche
puntuales a su cita.
Sigo dejando que el tiempo vuele adonde yo no podré volar.
Dime,
dime dónde buscar.
Cómo,
Cómo atrapar las sonrisas
si cada vez se fingen más.
Quisiera volver a sentirme plena.
Quisiera volver a sentirme en paz.
Quisiera volver a navegar,
volver a respirar libertad.
Volver a soltarme la melena
y a querer, como si no quisiera nada más.
A sentir que algo tiene sentido y que camino por dónde quiero,
no por donde otros van.
Me ahogo en esta triste ciudad,
vacía de amigos.
Vacía de hermanas.
Vacía sin más.
Cuando la ilusión baila con los demás.
Se va sin decir a dónde.
Se escapa sin mirar atrás.
Huye, como yo huiría.
Huye como tantos más.
Y mientras me arranco estas palabras ya oxidadas del alma
sin ritmo ni compás,
Sigo el son de esta cacofonía laberíntica,
donde la armonía es mediocre y el sonido siempre igual.
Así que ya me despido y me voy a trabajar.
Un día detrás de otro.
Todos los días igual.
Tan sola ayer como mañana.
Pero hoy a ganarse el pan.
Las migajas de este mundo.
Eso queda, nada más.
Cómo corre y huye y la ves pasar.
Querer huir de una rutina que ahoga.
Y no saber cómo cambiar.
Algo hice mal.
Pero hoy ya me da igual.
Poco me importa nada, porque nada importa ya.
Y mientras las lágrimas discurren en silencio cada noche
puntuales a su cita.
Sigo dejando que el tiempo vuele adonde yo no podré volar.
Dime,
dime dónde buscar.
Cómo,
Cómo atrapar las sonrisas
si cada vez se fingen más.
Quisiera volver a sentirme plena.
Quisiera volver a sentirme en paz.
Quisiera volver a navegar,
volver a respirar libertad.
Volver a soltarme la melena
y a querer, como si no quisiera nada más.
A sentir que algo tiene sentido y que camino por dónde quiero,
no por donde otros van.
Me ahogo en esta triste ciudad,
vacía de amigos.
Vacía de hermanas.
Vacía sin más.
Cuando la ilusión baila con los demás.
Se va sin decir a dónde.
Se escapa sin mirar atrás.
Huye, como yo huiría.
Huye como tantos más.
Y mientras me arranco estas palabras ya oxidadas del alma
sin ritmo ni compás,
Sigo el son de esta cacofonía laberíntica,
donde la armonía es mediocre y el sonido siempre igual.
Así que ya me despido y me voy a trabajar.
Un día detrás de otro.
Todos los días igual.
Tan sola ayer como mañana.
Pero hoy a ganarse el pan.
Las migajas de este mundo.
Eso queda, nada más.
miércoles, 30 de julio de 2014
La equitativa
A veces me da por mirar la parte de arriba de los edificios de mi ciudad...y siempre me sorprendo. Suelo hacerlo con relativa frecuencia, pero siempre hay detalles que previamente me habían pasado inadvertidos.
Hoy por ejemplo, en Paseo Independencia, me he dado cuenta de que uno de sus edificios reza: "La equitativa".
Soy una ignorante respecto a la historia reciente de Zaragoza, y lo primero que se me ha ocurrido (ilusa de mí) es que en un principio pudiera pertenecer a una caja de ahorros o algo por el estilo, por la idea de redistribución del dinero.
Investigando un poco he descubierto que perteneció a una compañía de seguros que se llamaba así, y que tenía lazos con una aseguradora estadounidense que terminó siendo AXA. Lo curioso es que además del nombre, el símbolo es una estatua que simboliza la justicia...
También me he fijado que El Corte Inglés ha cambiado el tipo de letra, o, como diríamos hoy, ha cambiado su imagen corporativa. Y que en medio de moles de edificios horribles todavía perviven pequeñas joyas modernistas dejadas de la mano de dios, y casas antiguas más humildes a medida que te alejas del centro. Cuando levantas la cabeza ves fachadas destartaladas y otras recién pintadas, ves restos de Los Sitios, de la arquitectura parlante de principios del siglo XX, del desarrollismo franquista, de los barrios de aluvión, de los excéntricos 70 y 80... Al fin y al cabo la historia de la ciudad también se plasma en su arquitectura, se plasman sus clases sociales, se plasma su esencia y su hipocresía, lo mejor y lo peor, lo refinado y lo burdo, las modas y las pervivencias. Sólo hace falta alzar la vista un poco más y escuchar a los ladrillos.
Por si alguien todavía no lo sabe, la fábrica Averly, historia viva de Zaragoza, va a ser destruida por un nuevo pelotazo urbanístico.
Habrá quien diga que es progreso y trabajo. Para mí es como el "botox" de las ciudades, las renuevan tanto que las vuelven inexpresivas, plastificadas, homogéneas. Es arrancarles las huellas que deja el paso del tiempo de golpe, y olvidar cosas tan tontas como que un día la estatua de la Justicia representaba algún valor, importante incluso para una imagen corporativa. Probablemente ayer, como hoy, sólo fuera eso: imagen.
Hoy por ejemplo, en Paseo Independencia, me he dado cuenta de que uno de sus edificios reza: "La equitativa".
Soy una ignorante respecto a la historia reciente de Zaragoza, y lo primero que se me ha ocurrido (ilusa de mí) es que en un principio pudiera pertenecer a una caja de ahorros o algo por el estilo, por la idea de redistribución del dinero.
Investigando un poco he descubierto que perteneció a una compañía de seguros que se llamaba así, y que tenía lazos con una aseguradora estadounidense que terminó siendo AXA. Lo curioso es que además del nombre, el símbolo es una estatua que simboliza la justicia...
También me he fijado que El Corte Inglés ha cambiado el tipo de letra, o, como diríamos hoy, ha cambiado su imagen corporativa. Y que en medio de moles de edificios horribles todavía perviven pequeñas joyas modernistas dejadas de la mano de dios, y casas antiguas más humildes a medida que te alejas del centro. Cuando levantas la cabeza ves fachadas destartaladas y otras recién pintadas, ves restos de Los Sitios, de la arquitectura parlante de principios del siglo XX, del desarrollismo franquista, de los barrios de aluvión, de los excéntricos 70 y 80... Al fin y al cabo la historia de la ciudad también se plasma en su arquitectura, se plasman sus clases sociales, se plasma su esencia y su hipocresía, lo mejor y lo peor, lo refinado y lo burdo, las modas y las pervivencias. Sólo hace falta alzar la vista un poco más y escuchar a los ladrillos.
Por si alguien todavía no lo sabe, la fábrica Averly, historia viva de Zaragoza, va a ser destruida por un nuevo pelotazo urbanístico.
Habrá quien diga que es progreso y trabajo. Para mí es como el "botox" de las ciudades, las renuevan tanto que las vuelven inexpresivas, plastificadas, homogéneas. Es arrancarles las huellas que deja el paso del tiempo de golpe, y olvidar cosas tan tontas como que un día la estatua de la Justicia representaba algún valor, importante incluso para una imagen corporativa. Probablemente ayer, como hoy, sólo fuera eso: imagen.
Lluvia de estrellas
Ayer no vimos una estrella fugaz.
Ni pudimos pedir deseos estelares.
Las estrellas se escondieron,
no tuvieron valentía para hacerse oír.
Se cansaron de cumplir deseos terrenales que se van perdiendo por el cielo.
Ayer miramos poco el cielo. Sólo de forma superficial.
No supimos ver las estrellas escondidas
ni las heridas que lucían en el oscuro manto de un cielo sin luna.
Quizá no merecemos que nos concedan más deseos,
pues los concedidos los desperdiciamos en lunas pasadas,
en estrellas apagadas, en heridas ocultas.
Ni pudimos pedir deseos estelares.
Las estrellas se escondieron,
no tuvieron valentía para hacerse oír.
Se cansaron de cumplir deseos terrenales que se van perdiendo por el cielo.
Ayer miramos poco el cielo. Sólo de forma superficial.
No supimos ver las estrellas escondidas
ni las heridas que lucían en el oscuro manto de un cielo sin luna.
Quizá no merecemos que nos concedan más deseos,
pues los concedidos los desperdiciamos en lunas pasadas,
en estrellas apagadas, en heridas ocultas.
viernes, 29 de marzo de 2013
...
Viendo que las cosas son incomprensibles y que el mundo parece estar cada vez más del revés refugiarme en las facetas de mi vida que fucionan son la mejor solución para seguir adelante.
Ser esclava de las hormonas, de la salud, de los productos sin gluten, no ayuda a continuar en esta rutina extenuante en la que vivo últimamente. A veces me gustaría dar al stop. Parar la película. Frenar y bajarme de este tren.
Pero no se puede.
Estoy agotada. Y no paro de decirme: un poco más, sólo un poco más.
He tenido que renunciar a muchas cosas últimamente...y creo que sólo es el principio de unos sacrificios que van a ir en aumento.
Cada vez tengo menos tiempo, menos salud, y menos dinero para disfrutar de las cosas que realmente me gustan.
Supongo que eso es la vida: renunciar y saber sobreponerse, saber seguir.
Y pese a todo es una de las etapas más felices de mi vida en otros aspectos. Pero parece imposible que todo vaya bien. Siempre va a haber cosas importantes que fallen. Cuando no es una, será otra. Es como un reto: a ver cuántas dificultades y complicaciones somos capaces de gestionar. Y lo peor es que, como en un videojuego, van subiendo de nivel.
No estoy mal. Sólo cansada. Sólo preocupada por no encontrar soluciones ni explicaciones. Y quizá un poco resentida con este mundo absurdo que obliga a las personas a ser infelices en pro de una economía y una sociedad cada vez más putrefactas.
Ser esclava de las hormonas, de la salud, de los productos sin gluten, no ayuda a continuar en esta rutina extenuante en la que vivo últimamente. A veces me gustaría dar al stop. Parar la película. Frenar y bajarme de este tren.
Pero no se puede.
Estoy agotada. Y no paro de decirme: un poco más, sólo un poco más.
He tenido que renunciar a muchas cosas últimamente...y creo que sólo es el principio de unos sacrificios que van a ir en aumento.
Cada vez tengo menos tiempo, menos salud, y menos dinero para disfrutar de las cosas que realmente me gustan.
Supongo que eso es la vida: renunciar y saber sobreponerse, saber seguir.
Y pese a todo es una de las etapas más felices de mi vida en otros aspectos. Pero parece imposible que todo vaya bien. Siempre va a haber cosas importantes que fallen. Cuando no es una, será otra. Es como un reto: a ver cuántas dificultades y complicaciones somos capaces de gestionar. Y lo peor es que, como en un videojuego, van subiendo de nivel.
No estoy mal. Sólo cansada. Sólo preocupada por no encontrar soluciones ni explicaciones. Y quizá un poco resentida con este mundo absurdo que obliga a las personas a ser infelices en pro de una economía y una sociedad cada vez más putrefactas.
miércoles, 3 de octubre de 2012
En el tren
Y da igual un autobús que un avión...
Hoy es el turno del tren y con su traqueteo me mezco...
Y en este duermevela me golpean pensamientos itinerantes, que vienen y van, como yo, dejando una sensación extraña, una sensación de inseguridad, de miedo.
Miedo al futuro. Al futuro en todos sus aspectos, aunque al profesional ya estoy acostumbrada.
A veces creo que no te conozco, otras que no te entiendo, las más que no me entiendes y sin embargo te quiero.
Te quiero demasiado como para irme cuando sé que es lo que debería hacer.
Te añoro demasiado si me alejo porque necesito tus abrazos para dormir y tus besos para seguir adelante.
Pero cuando te siento lejos aunque estés tocándome, cuando te noto frío aunque estés a mi lado...
Entonces tiemblo. Y vuelve el mismo dolor de un año atrás, y tornan recuerdos amargos que quisiera ahogar.
Pero están.
Aunque cuando miro tus ojos, sé que se irán.
Hoy es el turno del tren y con su traqueteo me mezco...
Y en este duermevela me golpean pensamientos itinerantes, que vienen y van, como yo, dejando una sensación extraña, una sensación de inseguridad, de miedo.
Miedo al futuro. Al futuro en todos sus aspectos, aunque al profesional ya estoy acostumbrada.
A veces creo que no te conozco, otras que no te entiendo, las más que no me entiendes y sin embargo te quiero.
Te quiero demasiado como para irme cuando sé que es lo que debería hacer.
Te añoro demasiado si me alejo porque necesito tus abrazos para dormir y tus besos para seguir adelante.
Pero cuando te siento lejos aunque estés tocándome, cuando te noto frío aunque estés a mi lado...
Entonces tiemblo. Y vuelve el mismo dolor de un año atrás, y tornan recuerdos amargos que quisiera ahogar.
Pero están.
Aunque cuando miro tus ojos, sé que se irán.
martes, 10 de julio de 2012
La sonrisa de un corazón de hojalata
Y sentada en una terraza un niño hacía pompas de jabón...
Y recordé a la adulta que las perseguía y a la niña que las reventaba en aquel cuento que narró la mujer de hojalata.
Y ahí estaba yo: ni niña ni adulta.
Cuando todas las burbujas explotan sin que tú puedas evitarlo poco se puede hacer. Ni ir a por ellas para deshacerlas, ni soñar con que duren...
Dejan de existir y no sabes hacia dónde mirar. Es como morir un poco.
Pero aquel día las ví. Recordé que podrían volver. Que aún quedaban niños que soplaban por un aro y creaban belleza de forma simple, casi casual, aunque yo no pudiera sentirla todavía.
Hoy tu mirada ha llegado más profundo. Ha sido como si tus ojos me atravesaran y me golpeasen el corazón, obligándolo a volver a latir.
Hoy has forzado a un corazón desganado a volver a hacer pompas.
Y hoy esa belleza, aunque sea efímera, me arranca una sonrisa. Porque pese a que quizá dure sólo unas horas, un día, un instante, en ese momento el mundo estaba lleno de burbujas relucientes.
Y recordé a la adulta que las perseguía y a la niña que las reventaba en aquel cuento que narró la mujer de hojalata.
Y ahí estaba yo: ni niña ni adulta.
Cuando todas las burbujas explotan sin que tú puedas evitarlo poco se puede hacer. Ni ir a por ellas para deshacerlas, ni soñar con que duren...
Dejan de existir y no sabes hacia dónde mirar. Es como morir un poco.
Pero aquel día las ví. Recordé que podrían volver. Que aún quedaban niños que soplaban por un aro y creaban belleza de forma simple, casi casual, aunque yo no pudiera sentirla todavía.
Hoy tu mirada ha llegado más profundo. Ha sido como si tus ojos me atravesaran y me golpeasen el corazón, obligándolo a volver a latir.
Hoy has forzado a un corazón desganado a volver a hacer pompas.
Y hoy esa belleza, aunque sea efímera, me arranca una sonrisa. Porque pese a que quizá dure sólo unas horas, un día, un instante, en ese momento el mundo estaba lleno de burbujas relucientes.
jueves, 14 de junio de 2012
6-6-2012 Cartas desde Posidonia
Y como no tengo nada mejor que hacer, me siento a observar lo que hoy son sólo ruinas de una majestuosa ciudad.
Y pienso en las ruinas de quien hoy está lejos.
Y sueño con los antiguos en una atardecer como este. En el bullicio de una ciudad viva.
Una ciudad por la que lucharon unos tras otros griegos, lucanos romanos...hasta llegar a la ruina.
Unos restos que todavía hoy deslumbran. Que nos hacen añorar aquello que fue...sin pensar en que su ocaso llegó por algo.
Unos vestigios que nos recuerdan que lo nuevo desbanca a lo viejo. Que las civilizaciones que más alto llegan son las que más profundo caen.
Que lo imponente de sus obras no puede ocultar el hecho de la decadencia y el olvido.
Pero yo sigo intentando imaginar la ciudad, las personas que sentirían el mismo sol y la misma brisa en la cara que siento yo ahora... La misma angustia ante el declive de su mundo. La misma ausencia de sus seres queridos; la misma preocupación por procurarles sustento...
Al final eran humanos, como nosotros.
Hoy pienso en un amigo que me necesita; hoy siento que estoy en un sueño del que despertaré trabajando en Mc Donalds con suerte; hoy añoro tus abrazos, tus intentos de darme fuerza...
Hoy me siento griega, romana, lucana,
soñando con lo que fue...
y con lo que le gustaría que fuera...

Y pienso en las ruinas de quien hoy está lejos.
Y sueño con los antiguos en una atardecer como este. En el bullicio de una ciudad viva.
Una ciudad por la que lucharon unos tras otros griegos, lucanos romanos...hasta llegar a la ruina.
Unos restos que todavía hoy deslumbran. Que nos hacen añorar aquello que fue...sin pensar en que su ocaso llegó por algo.
Unos vestigios que nos recuerdan que lo nuevo desbanca a lo viejo. Que las civilizaciones que más alto llegan son las que más profundo caen.
Que lo imponente de sus obras no puede ocultar el hecho de la decadencia y el olvido.
Pero yo sigo intentando imaginar la ciudad, las personas que sentirían el mismo sol y la misma brisa en la cara que siento yo ahora... La misma angustia ante el declive de su mundo. La misma ausencia de sus seres queridos; la misma preocupación por procurarles sustento...
Al final eran humanos, como nosotros.
Hoy pienso en un amigo que me necesita; hoy siento que estoy en un sueño del que despertaré trabajando en Mc Donalds con suerte; hoy añoro tus abrazos, tus intentos de darme fuerza...
Hoy me siento griega, romana, lucana,
soñando con lo que fue...
y con lo que le gustaría que fuera...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

